jueves, 3 de noviembre de 2011

Modelos de comunicación.

La primera aportación innovadora desde Latinoamérica a la teoría de la comunicación se produjo en y desde el campo de la educación: La teoría de la comunicación de Paulo Freire nos dice que se ha producido un vaciamiento de sentido en el lenguaje. Es decir, que el lenguaje, la comunicación no se produce de manera significativa. Esto lo pudimos corroborar en nuestras prácticas. Allí, en el aula, en la comunicación y relaciones que se establecían no se tenían en cuenta los conocimientos previos, intereses o experiencias de los alumnos. Para contrarestar esta situación, Freire propone alfabetizar desde la palabra generadora, entendiendo a ésta a aquellas palabras significativas, propias para el sujeto.
En este sentido enseñar no es sólo transmitir conocimiento, sino crear posibilidades para su propia construcción, lograr la generación de un lenguaje capáz de nombrar el mundo propio. En otras palabras, tener la capacidad de decir y contar la vida, de pensar y escribir el mundo como sujeto y actor. Creemos que esto es muy importante porque de este modo, los niños se involucrarían de forma apasionada en el proceso de aprender, haciéndole frente a las formas de aprendizaje y evaluación que evidenciamos. Podemos dar un ejemplo de nuestra experiencia: observamos que se le daba mucha improtancia en desarrollar los contenidos en un determinado tiempo, osea, en avanzar en los contenidos que estaban pautados para ese día, dejarlos asentados y pasar al tema siguiente, sin importar si el alumno realmente había comprendido el tema y pudo involucrarse con él para que éste le resulte relevante. De este modo se anula la posibilidad de participación de los alumnos, impidiendo la formación de debates enriquecedores, de intercambio de opiniones, para aprender con y del otro. La importancia del silencio en el espacio de la comunicación es elemental: escuchar el habla comunicante de alguien, estando comprometido con el comunicar, escuchando la duda y la indagación. De lo contrario caemos en lo que Freire llama "la cultura del silencio": hay una frustración que impide hablar, ya que la autoridad, el opresor, provoca la destrucción del universo social y mental del individuo, es decir, de sus modos de vida. Esto no es de ahora sino que desde hace mucho tiempo la opresión fue moldeando la conciencia, fue dominando cada vez más la subjetividad del sujeto.
La escuela también sigue siendo el lugar más sutil por y de la palabra. Dentro del aula pudimos ver como sólo se le daba la palabra a unos pocos, por ende, se reprimen otros. Esto provoca la sumisión del alumno ante los demás compañeros, dejando de lado su lenguaje y cultura, en algunos casos llegando a la humillación, lo cual no permite la libertad de expresión y anula el deseo de aprender. Como afirma Eleonora Spinelli, en este modelo la comunicación es entendida sólo como transmisión de información de un emisor (docente) que envía su mensaje a un receptor (alumno). Aquí el emisor es quien posee el saber legítimo del contenido del mensaje, mientras que al receptor no se le reconoce otro papel que el de decodificar correctamente la información que se le propone. El modo de comunicar que prevalece en este caso es el monólogo. La relación comunicativa es vertical y unidireccional, ya que el emisor domina, es dueño y protagonista. Se puede decir que se establece un tipo de liderazgo dentro del aula, el de tipo autoritario. Este tipo de liderazgo dificulta las relaciones dentro del equipo, porque lejos de haber un ambiente de respeto, se crea un ambiente de presión, nerviosismo, temor, rabia, e impotencia. 
Es evidente que el modelo de comunicación de Freire se asemeja al sistémico. Cada sujeto posee competencias comunicativas, no compartimos códigos. Estas competencias son lingüísticas, paralingüísticas, técnicas, culturales, emotivas. Según este modelo para que haya comunicación debe haber interacción. La comunicación entre dos individuos es un acto verbal, consciente y voluntario. Es, entonces, un proceso social permanente que integra múltiples modos de comportamiento: la palabra, el gesto, la mirada, la mímica, el espacio interindividual, etc. Por eso Freire sigue esta línea de pensamiento, ya que dentro del aula el docente debe comunicarse con sus alumnos a través de este proceso, para conocerlo, interactuar y hacer posible el feedback.
Para finalizar, Barbero asegura que la comunicación debe ser ruptura y puente: mediación, donde dialogar sea arriesgar una palabra al encuentro, en busca de otra palabra, de la respuesta del otro. Formar el "nosotros" que hace posible la comunicación descubriendo en nuestro propio ser la presencia de los lazos sociales que nos sostienen y forman.

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